Informe de monitoreo mundial 2021 Resumen ejecutivo Seguimiento de la cobertura sanitaria universal Seguimiento de la cobertura sanitaria universal: informe de monitoreo mundial 2021. Resumen ejecutivo [Tracking universal health coverage: 2021 global monitoring report. Executive summary] ISBN (OMS) 978-92-4-004556-9 (versión electrónica) ISBN (OMS) 978-92-4-004557-6 (versión impresa) © Organización Mundial de la Salud y Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento/Banco Mundial, 2022 Algunos derechos reservados. Esta obra está disponible en virtud de la licencia 3.0 OIG Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual de Creative Commons (CC BY-NC-SA 3.0 IGO; https://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/3.0/igo/deed.es). Con arreglo a las condiciones de la licencia, se permite copiar, redistribuir y adaptar la obra para fines no comerciales, siempre que se cite correctamente, como se indica a continuación. 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Seguimiento de la cobertura sanitaria universal: informe de monitoreo mundial 2021. Resumen ejecutivo [Tracking universal health coverage: 2021 global monitoring report. Executive summary]. Ginebra: Organización Mundial de la Salud y Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento/Banco Mundial; 2022. Licencia: CC BY-NC-SA 3.0 IGO. Catalogación (CIP). Puede consultarse en http://apps.who.int/iris. Ventas, derechos y licencias. Para comprar publicaciones de la OMS, véase http://apps.who.int/bookorders. Para presentar solicitudes de uso comercial y consultas sobre derechos y licencias, véase http://www.who.int/es/copyright. Materiales de terceros. Si se desea reutilizar material contenido en esta obra que sea propiedad de terceros, por ejemplo cuadros, figuras o imágenes, corresponde al usuario determinar si se necesita autorización para tal reutilización y obtener la autorización del titular del derecho de autor. 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El presente informe es un recordatorio más de que el mundo dista mucho de alcanzar la meta de los Objetivos de Desarrollo Sostenible relativa a la CSU. En 2018, la Asamblea Mundial de la Salud adoptó las metas de los «tres mil millones», una de las cuales es lograr para 2023 la CSU para mil millones más de personas. Ya antes incluso de la pandemia, el déficit para lograr esa meta era de 730 millones de personas; ahora calculamos que el déficit se sitúa entre 800 y 840 millones. Solo incrementando considerablemente nuestras aspiraciones podremos cambiar la trayectoria para avanzar en todos los países hacia la CSU, asentada sobre los cimientos de la atención primaria de la salud. La cobertura sanitaria universal es una opción política. En la Asamblea General de las Naciones Unidas de septiembre de 2019, tan solo unos meses antes de que estallara la pandemia, todos los países se decantaron por esa opción al refrendar la declaración política sobre la cobertura sanitaria universal. La pandemia solo ha dejado patente la importancia de ese compromiso, y por qué, a medida que el mundo responde a la pandemia y se recupera, debemos perseverar en él con más determinación, innovación y colaboración. La COVID-19 es un recordatorio devastador de que cuando la salud está en riesgo, todo se tambalea, y de que la salud no es un lujo, sino un derecho humano; no es un gasto, sino una inversión en desarrollo sostenible. Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus Director-General Organización Mundial de la Salud 3Declaración conjunta La salud es un derecho humano fundamental y la cobertura sanitaria universal (CSU) es crucial para hacer efectivo ese derecho. La CSU representa la aspiración de que todas las personas puedan acceder a servicios de salud de calidad, cuando y donde los necesiten, sin sufrir dificultades económicas. Esta aspiración se enunció claramente como meta de la Agenda 2030 de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible y se reafirmó cuando los mandatarios mundiales aprobaron la declaración política de la reunión de alto nivel de las Naciones Unidas sobre la cobertura sanitaria universal, en septiembre de 2019, el acuerdo internacional más exhaustivo de la historia en materia de salud. Más allá de la salud y el bienestar, la CSU también contribuye a la inclusión social, la igualdad de género, la erradicación de la pobreza, el crecimiento económico y la dignidad humana. En el presente informe se revela que antes de la pandemia se habían logrado avances considerables en la cobertura de servicios impulsados por una ingente ampliación de las intervenciones contra enfermedades transmisibles como la infección por VIH, la tuberculosis y el paludismo. Y si bien el empobrecimiento por los gastos en atención de salud se ha reducido en los últimos años, el número de personas empobrecidas o que se han hundido aún más en la pobreza debido a los gastos directos en salud se ha mantenido inaceptablemente elevado. Estas tendencias se ven exacerbadas por desigualdades considerables y persistentes dentro de un mismo país y de un país a otro. La pandemia de COVID-19 ha provocado además interrupciones considerables en la prestación de servicios de salud esenciales. Es probable que el alza de la pobreza y la reducción de los ingresos a causa de la recesión económica mundial incrementen los obstáculos económicos para acceder a la atención y las dificultades económicas por los gastos directos en salud de las personas que solicitan atención, especialmente entre los grupos de población desfavorecidos. Los retos ya presentes antes de la COVID, junto con las dificultades añadidas derivadas de la pandemia, imprimen una premura todavía mayor al logro de la CSU. Es crucial fortalecer los sistemas de salud sobre la base de una sólida atención primaria de salud con el fin de reconstruir para mejorar y de acelerar los progresos hacia la CSU y la seguridad sanitaria. La instauración eficaz de sistemas de salud orientados hacia la atención primaria de la salud permite mayor equidad y resiliencia, con mejores posibilidades de prestar una atención de salud de calidad, segura, completa, integrada, accesible, disponible y asequible para todas las personas, dondequiera que estén, pero especialmente las más vulnerables. Deben impulsarse importantes inversiones financieras en componentes básicos de los sistemas de salud orientados a la atención primaria de la salud, en particular en las esferas de mayor gasto (personal de salud y asistencial, infraestructura de salud, medicamentos y otros productos de salud), inversiones que deberán planificarse cuidadosamente y basarse en los datos sobre el desempeño de los sistemas de salud para subsanar deficiencias críticas, en particular en los países de ingresos bajos y medianos bajos. Asimismo, es urgente eliminar los obstáculos que quedan para que todas las personas puedan acceder a la atención de salud. Entre los principales obstáculos a los progresos hacia la CSU se encuentran las deficiencias en las infraestructuras, con disponibilidad limitada de servicios básicos, las debilidades en la formulación de las políticas de cobertura para limitar los efectos dañinos de los pagos directos, especialmente entre los pobres y las personas con necesidades crónicas de servicios de salud, el déficit de trabajadores de la salud cualificados y su ineficaz distribución, los precios prohibitivos de productos médicos y medicamentos de calidad, y la falta de acceso a tecnologías innovadoras y de salud digital. Mantener los progresos hacia la CSU probablemente sea un reto. La CSU es ante todo una opción política. Es también un imperativo moral garantizar el derecho a la salud para todas las personas. Ahora más que nunca, el sólido compromiso político de los mandatarios mundiales y las organizaciones asociadas es el ingrediente esencial para superar los obstáculos. Tedros Adhanom Ghebreyesus Director-General Organización Mundial de la Salud Mamta Murthi Vicepresidenta de Desarrollo Humano Grupo Banco Mundial Mathias Cormann Secretario General Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos 4La cobertura sanitaria universal (CSU) implica que todas las personas puedan acceder a servicios de salud de calidad cuando y donde los necesiten, sin sufrir dificultades económicas. Ya antes de que se sintieran los embates de la COVID-19, el mundo estaba muy lejos de alcanzar la meta 3.8 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y el objetivo de ofrecer cobertura sanitaria universal a mil millones más de personas para 2023. Con el aumento de los ingresos, también ha ido mejorando la cobertura de los servicios. Sin embargo, muchos hogares siguen teniendo que hacer frente a costos excesivos (véase la figura ES.1). Los avances hacia la consecución de la cobertura sanitaria universal, que se miden con los indicadores de los ODS conexos sobre cobertura de servicios y dificultades económicas, han sido dispares en los diferentes países y regiones de la OMS. Es preciso analizar la política de cobertura de cada país para identificar las brechas en la cobertura sanitaria, dilucidar sus causas y adoptar respuestas adecuadas en materia de políticas. Figura ES.1 Avances en la cobertura de servicios (indicador 3.8.1 de los ODS) y gastos catastróficos en salud (indicador 3.8.2 de los ODS, umbral del 10%), 2000-2017 Resumen ejecutivo Fuente: Indicador 3.8.1 de los ODS: Base de datos de la OMS sobre la cobertura mundial de los servicios, actualización de 2021; indicador 3.8.2 de los ODS: Base de datos mundial sobre protección económica de la OMS y el Banco Mundial, actualización de 2021. Incluso sin tener en cuenta las repercusiones de la pandemia de COVID-19, al ritmo actual de cambios en la cobertura de servicios y en las dificultades económicas, la previsión era que, para 2023, solo 270 millones de personas más tuvieran cobertura de los servicios de salud esenciales y no incurrieran en gastos directos catastróficos en salud, lo cual supone un déficit de unos 730 millones de personas. La cobertura de servicios ha ido mejorando, pero a un ritmo que no es lo suficientemente rápido El indicador 3.8.1 de los ODS sobre la cobertura de los servicios, que se mide con el índice de cobertura de servicios de la CSU, mejoró en todo el mundo; pasó de una media ponderada según la población de 45 en 2000 a 67 en 2019. El subíndice de enfermedades infecciosas fue el que mejoró más rápidamente (con una pronunciada aceleración en torno a 2005), seguido del subíndice de salud reproductiva, de la madre, el recién nacido y el niño (SRMRN). En cambio, los subíndices de enfermedades no transmisibles y de la capacidad de los servicios y el acceso a ellos avanzaron más lentamente. Pese a todo, los avances registrados entre 2000 y 2019 no bastaron para alcanzar un valor mínimo de 80 en 2030. 2000 2005 2010 2017 2015 8 9 10 11 12 13 14 15 16 30 40 90 100 El total de personas con cubertura de servicios de salud debería aumentar El t o ta l d e p er so n as q u e in cu rr en e n g as to s ca ta st ró fi co s en s al u d d eb er ía d is m in u ir Ga sto s d ire cto s c at as tró fic os en sa lud (O DS 3. 8.2 , u m br al de l 1 0% ) Índice de cobertura de servicios de la CSU (SDG 3.8.1) 50 60 70 80 100 5Menos de 20 20-39 40-59 60-79 80 o más Datos no disponibles No aplicable Menos de 10 10-19 20-29 30 o más Datos no disponibles No aplicable Figura ES.2 Nivel e incremento absoluto del índice de cobertura de servicios de la CSU por país, 2000-2019 a. Índice de cobertura de servicios de la CSU, 2019 b. Incremento absoluto del índice de cobertura de servicios de la CSU, 2000-2019 Los valores medios del índice de cobertura de servicios de la CSU más elevados se registraron en la Región del Pacífico Occidental de la OMS (80), la Región de Europa (79) y la Región de las Américas (77), y los más bajos en la Región de África (46) (véase la figura ES.2a). Las tendencias entre 2000 y 2019 mostraron mejoras de dicho índice en todas las regiones de la OMS, con las mayores subidas en la Región de Asia Sudoriental y la Región del Pacífico Occidental (más de 30 puntos del índice) (véase la figura ES.2b). Existe una fuerte relación positiva entre el índice de cobertura de servicios de la CSU y el ingreso nacional bruto per cápita (en dólares estadounidenses), lo cual sugiere que la cobertura de los servicios puede estar determinada por el aumento de los ingresos. Los países de ingresos bajos registraron puntuaciones medias del índice más bajas que los países de ingresos altos (42 frente a 83) en 2019, aunque el ritmo de progresos fue más rápido. Por consiguiente, el uso de los servicios aumenta cuando las personas disponen de más capital y se enfrentan a menos obstáculos económicos a la hora de solicitar atención de salud. Nota: Este mapa ha sido elaborado por la OMS. Las fronteras, colores u otras designaciones utilizadas en este mapa y en la publicación no implican opinión ni juicio alguno por parte de la OMS o del Banco Mundial sobre la condición jurídica de países, territorios, ciudades o zonas, o de sus autoridades; tampoco suponen el respaldo o aceptación de dichas fronteras o límites. Fuente: Base de datos de la OMS sobre la cobertura mundial de los servicios, 2021. 6La ampliación de la cobertura de los servicios, sumada a otros factores, ha comportado grandes avances en materia de salud durante las últimas dos décadas. El índice de cobertura de servicios de la CSU pasó de 45 en 2000 a 67 en 2019; la esperanza media de vida al nacer aumentó en todo el mundo de 66,8 años a 73,3 años en el mismo periodo. Entre 2000 y 2019, la Región de África fue la que experimentó un aumento más rápido en ambos aspectos, puesto que incrementó en 22 puntos el índice de cobertura de servicios de la CSU y en 11,7 años la esperanza de vida. En cuanto a los gastos catastróficos en salud, las tendencias ya estaban empeorando antes de la pandemia La población que incurre en gastos directos catastróficos en materia de salud, según el indicador 3.8.2 de los ODS, aumentó de forma continua entre 2000 y 2017 (véase el cuadro ES.1). Más recientemente, entre 2015 y 2017, el número de personas cuyos gastos directos en salud representan un porcentaje superior al 10% del presupuesto del hogar (es decir, los gastos catastróficos en salud) aumentó de 940 millones a 996 millones por año. Entre las razones que explican dicho aumento cabe citar las siguientes: a) un incremento en la cantidad de gastos directos por persona en salud, y b) una mayor tasa de crecimiento de gastos directos respecto al crecimiento en el consumo privado. En promedio, cuanto mayor fue el nivel de ingresos de los hogares, mayor fue la demanda de servicios. Dicha demanda se tradujo en gastos directos en salud más elevados. El número de personas que incurrieron en gastos empobrecedores en salud se redujo en los últimos años (por primera vez en 20 años), pero la cifra sigue siendo inaceptablemente elevada Entre 2015 y 2017, se constataron descensos de todos los indicadores de gastos en salud que pueden causar empobrecimiento (véase el cuadro ES.1). La población con gastos empobrecedores en salud, según el umbral de pobreza extrema (de 1,90 dólares estadounidenses al día ajustado según la paridad del poder adquisitivo) se redujo sustancialmente en todo el mundo (de 664 millones en 2015 a 505 millones en 2017). También se registraron descensos atendiendo al umbral de la pobreza relativa, aunque menos acusados (de 1.153 millones a 1.125 millones). Pese a los mayores niveles de gasto público, no se produjo una reducción de los gastos en salud que pueden causar empobrecimiento en el umbral de la pobreza relativa en los países de ingresos altos. Esta situación pone de relieve las desigualdades en la cobertura y la necesidad de que las políticas se centren en reducir las dificultades económicas de las personas que viven en situación de pobreza o casi pobreza, incluso en los sistemas de salud relativamente bien dotados de recursos. En general, en 2017, las estimaciones apuntan a que la cifra total de personas que incurrieron en gastos catastróficos o empobrecedores por motivos de salud se situó entre 1300 y 1900 millones. La mayor parte de la población que tuvo que hacer frente a gastos catastróficos en salud se concentró en los países de ingresos bajos y medianos altos y en las regiones de la OMS del Pacífico Occidental y Asia Sudoriental, seguidas de la Región del Mediterráneo Oriental. La población abocada a la pobreza extrema (1,90 dólares) se situó mayoritariamente en los países de ingresos bajos y medianos bajos y Nota: El umbral de la pobreza relativa se define como el 60% de la mediana de consumo per cápita o ingresos per cápita de cada país. Fuente: OMS y Banco Mundial, 2021: Informe de monitoreo mundial de la protección financiera en relación con la salud 2021. Cuadro ES.1 Indicadores de los ODS y relacionados con los ODS en materia de dificultades económicas (expresados en millones de personas), 2000-2017 Indicador 2000 2005 2010 2015 2017 Gastos catastróficos en salud (indicador 3.8.2 de los ODS) Población que destina más del 10% del presupuesto del hogar a gastos directos en salud (indicador 3.8.2 de los ODS, umbral del 10%) 579 708 785 940 996 Población que destina más del 25% del presupuesto del hogar a gastos directos en salud (indicador 3.8.2 de los ODS, umbral del 25%) 131 167 189 270 290 Población con gastos empobrecedores en salud, según el umbral de pobreza extrema de 1,90 dólares estadounidenses al día ajustado según la paridad del poder adquisitivo 1159 1009 826 664 505 Empobrecimiento por gastos directos en salud 124 130 122 115 70 Empobrecimiento adicional por gastos directos en salud (población empobrecida que destina cualquier cantidad a gastos directos en salud) 1035 879 704 549 435 Población con gastos empobrecedores en salud en el umbral de la pobreza relativa 630 808 1007 1153 1125 Empobrecimiento por gastos directos en salud 91 122 154 182 172 Empobrecimiento adicional por gastos directos en salud (población empobrecida que destina cualquier cantidad a gastos directos en salud) 539 686 853 971 953 7en las regiones de África, Pacífico Occidental y Asia Sudoriental. En cambio, en lo que respecta al umbral de pobreza relativa, los gastos empobrecedores en salud se concentraron en los países de ingresos medianos altos y en las regiones del Pacífico Occidental, África y Asia Sudoriental. Las dificultades económicas aumentaron también en todas las regiones. Entre 2000 y 2017, la incidencia de los gastos catastróficos en salud fue en aumento (salvo en la Región de las Américas desde 2005) y también aumentó la proporción de la población empobrecida y más empobrecida a efectos de pobreza relativa por gastos directos en salud. Se produjeron desigualdades persistentes en la cobertura de los servicios y las dificultades económicas en los hogares de los países Por ejemplo, la cobertura de las intervenciones de salud reproductiva, de la madre, el recién nacido y el niño fue mayor entre los grupos más favorecidos (es decir las personas más ricas, con más educación y que viven en zonas urbanas) especialmente en los países de ingresos bajos. Las personas que viven en hogares pobres y en hogares con personas de edad avanzada (de más de 60 años) tuvieron más probabilidades de sufrir dificultades económicas por pagos directos en atención de la salud. La vigilancia de las desigualdades en materia de salud resulta crucial para identificar y hacer un seguimiento de los grupos poblacionales más desfavorecidos, a fin de brindar a los responsables de la toma de decisiones una base empírica para formular políticas, programas y prácticas más orientadas a la equidad. Por ejemplo, para mejorar la vida de las personas mayores, sus familias y sus comunidades y avanzar en pro de la cobertura sanitaria universal, será necesario ampliar y mejorar la orientación de los paquetes de prestaciones para reducir las dificultades económicas y cubrir las necesidades en materia de salud de las personas que viven en hogares con personas de edad avanzada o de varias generaciones. Para reducir sustancialmente las dificultades financieras, es fundamental brindar protección frente a los gastos directos de salud a las personas pobres y a las que tienen necesidades crónicas de atención de salud, por ejemplo mediante la aplicación efectiva de mecanismos de exención y medidas de financiación sanitaria conexas beneficiosas para las personas pobres. Es probable que la pandemia de COVID-19 suponga un revés para los avances logrados en los últimos 20 años hacia la cobertura sanitaria universal. Los sistemas de salud tienen dificultades para garantizar la continuidad de los servicios de salud esenciales. La carga adicional de pacientes provocada por la pandemia de COVID-19 ha impuesto una gran presión sobre los sistemas de salud y ha puesto en peligro la capacidad de prestar todos los servicios de salud esenciales. Durante el primer trimestre de 2021, persistieron las interrupciones generalizadas de los servicios esenciales en todo el mundo, según los datos notificados para todos los canales de prestación de servicios y todos los programas específicos. Los servicios de atención primaria y los de rehabilitación, cuidados paliativos y cuidados a largo plazo han sido los más afectados (véase la figura ES.3): Los países de ingresos altos notificaron menos interrupciones de los servicios que los países de otros grupos de ingresos. La magnitud y el alcance de las interrupciones disminuyeron en el primer trimestre de 2021. Para ese periodo, según los datos notificados por los países, solo un tercio de los servicios sufrieron interrupciones de promedio, frente a poco más de la mitad en el segundo semestre de 2020. A pesar de la reducción de la magnitud, la interrupción continuada puede ser mucho más prolongada que la gran conmoción inicial y, por tanto, provocar un estancamiento o incluso una disminución de la cobertura de los servicios. 22% 29% 14% 24% 19% 9% 13% 4% 9% 6% 5% 6% 3% 8% 3% 35% 48% 22% 41% 27% Figura ES.3 Porcentaje medio de países que notificaron interrupciones de los servicios de salud esenciales a través de los canales integrados de prestación de servicios (n=112), entre enero y marzo de 2021 Fuente: OMS: Segunda ronda de la encuesta nacional sobre los servicios de salud esenciales y su continuidad durante la pandemia de COVID-19 0% 10% 20% 30% 40% 50% 60% 70% 80% 90% 100% Porcentaje de países Servicios auxiliares Rehabilitación, cuidados paliativos y cuidados a largo plazo Atención de urgencia, cuidados intensivos y postoperatorios Atención primaria PROMEDIO DE INTERRUPCIONES 5-25% de interrupciones 26-25% de interrupciones Más del 50% de interrupciones Como consecuencia de las limitaciones económicas, las personas tienen dificultades para acceder a la atención de salud; es probable que las dificultades económicas para acceder a la salud empeoren todavía más conforme aumente la pobreza y disminuyan los ingresos. 8Es fundamental reforzar los sistemas de salud orientados a la atención primaria para mejorar la reconstrucción y acelerar los avances hacia la cobertura sanitaria universal y la seguridad sanitaria. Los sistemas eficaces orientados a la atención primaria constituyen la base de los sistemas de salud equitativos y resilientes que prestan servicios de salud de alta calidad, seguros, completos, integrados, accesibles, disponibles y asequibles para todas las personas, en todas partes, especialmente las más vulnerables. Crear sistemas de salud de este tipo es la forma más práctica, eficiente y eficaz de que los países den el primer paso para lograr la cobertura sanitaria universal. Los esfuerzos para reconstruir y mejorar la atención primaria en los sistemas de salud deben incluir medidas como las siguientes: a) la actuación sobre todos los componentes de la política multisectorial y la adopción de medidas encaminadas a abordar los determinantes de la salud, los servicios de salud integrados centrados en la atención primaria y en las funciones esenciales de salud pública, y el empoderamiento de personas y comunidades, y b) las inversiones críticas en el personal de salud y asistencial, en las infraestructuras físicas, los medicamentos y otros productos sanitarios. Las inversiones en estos ámbitos deben contar con el apoyo adecuado y planificarse con detenimiento, en función de la información sobre el desempeño de los sistemas de salud, puesto que es imprescindible solventar las carencias más importantes, en particular en los países de ingresos bajos y los países de ingresos de ingresos medianos bajos. La mayor parte de las inversiones necesarias y de los esfuerzos para aplicarlas provendrá de recursos nacionales. El diseño y la aplicación de las políticas determinarán hasta qué punto dichos recursos redundan en sistemas de salud eficaces orientados a la atención primaria. La ayuda internacional y las iniciativas relacionadas con la salud mundial seguirán teniendo una contribución importante. Para avanzar en pro de los objetivos relacionados con el fortalecimiento de los sistemas de salud (basados en la atención primaria) y la seguridad sanitaria mundial, las iniciativas que aborden ambas cosas deben estar verdaderamente vinculadas. Dicha necesidad resulta especialmente acuciante en los contextos de conflicto y fragilidad, donde el papel que desempeñan los asociados externos es más importante, lo que exige un compromiso renovado para coordinar las respuestas en consonancia con las políticas, estrategias y planes nacionales en el sector de la salud. Para obtener datos de calidad, oportunos y desglosados y hacer un seguimiento de los avances hacia la cobertura sanitaria universal y de las políticas conexas, es preciso contar con inversiones y compromiso político para mejorar los sistemas nacionales de información de salud. La pandemia de COVID-19 ha puesto de manifiesto la necesidad de elaborar estrategias rápidas de recopilación de datos, de supervisar los obstáculos al acceso, de desglosar los datos de salud y de complementar las tradicionales encuestas en los hogares con métodos más ágiles que recurran a otras modalidades (como los teléfonos móviles o las encuestas a través de las redes sociales) para hacer un seguimiento tanto de la cobertura de los servicios como de las dificultades económicas. También es fundamental supervisar las políticas y su ejecución, ya que muchos países han elaborado políticas para salvaguardar el acceso de la población a los servicios de salud de calidad, especialmente los relacionados con la COVID-19. La falta de datos impide realizar una evaluación detallada y exhaustiva de las repercusiones de la pandemia de COVID-19 sobre la protección económica. No obstante, los efectos económicos y sanitarios de la COVID-19 apuntan en su conjunto a un empeoramiento significativo de la protección económica a escala mundial como consecuencia de la pandemia, con tasas más elevadas de atención no prestada por limitaciones económicas a medida que aumenta la pobreza (véase la figura ES.4) y con una mayor incidencia de gastos catastróficos entre las personas que necesitan atención de salud, así como un aumento del empobrecimiento provocado por los gastos directos, en particular entre los países de ingresos bajos y medianos y en los hogares con ingresos más bajos en todos los países. Este empeoramiento de la protección económica probablemente se mantendrá a medio plazo a menos que se adopten medidas políticas proactivas, como el aumento del gasto público para eliminar los gastos directos en salud de las personas pobres, un mayor apoyo a la protección social, la eliminación de los copagos y otros costos en el momento y lugar de atención, los subsidios para que los hogares pobres y vulnerables puedan cubrir sus necesidades básicas (incluidos los servicios de salud), la ampliación de la cobertura y el fortalecimiento de la atención primaria, con el objetivo de no solo recuperar, sino acelerar los avances en pro de la cobertura sanitaria universal. Figura ES.4 Principal motivo notificado por los hogares para no acceder a la atención de salud cuando la necesitan 65.6 30.6 17.4 31.4 8 30.4 27.2 25.4 19.1 20.9 21.9 21 8.1 18.3 33.3 22.3 Ingresos bajos Todos Ingresos medianos bajos Ingresos medianos altos Gr up o d e p aís es se gú n s us in gr es os Porcentaje de hogares que no pueden acceder a la atención de salud necesaria Motivos económicos Motivos relacionados con la COVID-19 Motivos relacionados con el suministro Otros motivos 0% 10% 20% 30% 40% 50% 60% 70% 80% 90% 100% Fuente: Encuesta de alta frecuencia del Banco Mundial, 2021 9Contact World Health Organization 20, Avenue Appia CH-1211 Geneva 27 Switzerland www.who.int/data/monitoring-universal-health-coverage
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Seguimiento de la cobertura sanitaria universal: informe de monitoreo mundial 2021: resumen ejecutivo
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