ORGANIZACIÓN MUNDIAL DE LA SALUD 57ª ASAMBLEA MUNDIAL DE LA SALUD Punto 4 del orden del día A57/DIV/8 21 de mayo de 2004
Alocución del Sr. Jimmy Carter, ex Presidente de los Estados Unidos de América Ginebra, miércoles 19 de mayo de 2004
Señor Presidente, señor Director General de la OMS, Ministros de Salud, delegados, señoras y señores: Doy las gracias al Dr. Lee por habernos invitado a Rosalynn y a mí a participar en esta notable reunión anual de ministros de salud del mundo y sus asociados y colaboradores más próximos. Mi esposa asistió a la Asamblea Mundial de la Salud en 1979, cuando yo estaba en la Casa Blanca, pero, por mi parte, es la primera vez que asisto a esta reunión. Quiero compartir con ustedes mi convicción de que el mayor problema que existe en el mundo es la distancia cada vez más grande entre ricos y pobres, tanto entre los países como dentro de ellos. Como sabrán, a pesar del notable crecimiento económico registrado en muchas regiones, la quinta parte de la población mundial vive aún con menos de un dólar por día; esto apenas basta para pagar los alimentos y la vivienda, pero no alcanza para la educación y la atención de salud. Esta distribución desigual de las riquezas está aumentando al mismo tiempo que se introducen grandes mejoras en las comunicaciones; gracias a éstas, los pobres son cada vez más conscientes de su pobreza relativa y de la indiferencia manifiesta del mundo respecto de su difícil situación. Esto despierta en ellos una sensación de abandono y desesperanza y un resentimiento comprensible contra los poderosos y opulentos que son indiferentes. Desde hace mucho tiempo se sabe que la pobreza es uno de los principales factores de riesgo que amenaza la salud. François Rabelais, un médico del siglo XVI, describió alguna vez a una persona como «víctima de una enfermedad llamada falta de dinero». Ahora sabemos que es así: la disminución del nivel de ingresos va acompañada de un aumento de la morbilidad y la mortalidad, y viceversa. ¿Cómo abordamos esta cuestión? Estoy aquí porque creo que una de las maneras más eficaces de cerrar esta brecha es que nosotros, los ricos, tomemos más conciencia de la difícil situación en que se encuentran los pobres del mundo y nos comprometamos a mejorar su salud. Esto traerá aparejados grandes beneficios económicos tanto para ellos como para nosotros. También contribuirá a promover los derechos humanos y reducir la violencia. En el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales se reconoce «el derecho de toda persona al disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental». Todo esto no es nuevo. Edmund Burke afirmó: «el interés público exige que hagamos hoy lo que, dentro de cinco o diez años, las personas inteligentes y de buena voluntad pensarán que debía haberse hecho». ¡Lo dijo hace 250 años! Nuestros progresos relativamente lentos en pos de la meta que acabo de
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mencionar indican el grado de dificultad de los problemas que debemos resolver; pero, afortunadamente, nuestra generación tiene posibilidades extraordinarias, sin precedentes, de lograrlo. Disponemos de más instrumentos científicos y una mayor capacidad social y conocemos mejor las enfermedades, así como la manera de prevenirlas, curarlas y controlarlas, e incluso de erradicar algunas de ellas. Esta generación también cuenta con alianzas sin precedentes en las que participan empresas industriales lúcidas como Merck, DuPont, GlaxoSmithKline, BASF y Pfizer, así como con el generoso apoyo de la Fundación pro Naciones Unidas y de la Fundación Bill y Melinda Gates. Envidio la oportunidad que tienen ustedes, los ministros de salud y sus asociados, de prestar servicio en estos momentos, con las ventajas que ofrece la ciencia moderna. Creo que nuestro mayor problema no reside necesariamente en la falta de recursos ni en la inseguridad, sino en saber definir con claridad el futuro que queremos, a fin de movilizar la voluntad política necesaria en los niveles más altos. Como escribió Lewis Carroll en Alicia en el país de las maravillas, si no sabes dónde ir, da igual hacia donde vayas, puesto que «siempre llegarás a alguna parte, si caminas lo bastante». Ustedes, dirigentes del sector de la salud, deben saber dónde queremos ir. Una vez que, finalmente, nos proponemos erradicar totalmente una enfermedad, hacemos adelantos extraordinarios. Pero no hay ninguna razón intrínseca para que sólo en esos casos podamos lograrlos. Las mismas técnicas de trabajo en equipo centradas en metas concretas pueden y deben utilizarse para obtener mejoras cuantificables en todos los servicios de salud pública. A fin de conseguir la participación decisiva de los dirigentes políticos, los donantes y el público a nivel mundial, los informes y los llamamientos de los ministros de salud deben basarse en información clara y cuantificable sobre cada país. Deben prever metas específicas, mediciones periódicas precisas de los progresos logrados (o de la falta de progreso), que indiquen el número de niños que nacen infectados por el VIH, de niños inmunizados contra enfermedades, de pacientes de tuberculosis que reciben tratamiento, de defunciones causadas por el paludismo, y de embarazadas que reciben atención prenatal e información sobre planificación de la familia, así como el número de anuncios públicos en los que se señalen con la mayor rotundidad posible cuáles son las causas del VIH/SIDA y qué medidas preventivas pueden adoptarse. Los dirigentes políticos y el público en general deben conocer a través de ustedes las metas alcanzadas y los logros obtenidos, y han de poder compartir tanto el reconocimiento como los honores del triunfo. Además, debe haber una rendición cabal de cuentas, los recursos se han de utilizar eficazmente y se debe informar sobre las necesidades más urgentes que requieran financiación adicional. Estos informes concretos, en lo posible con datos procedentes directamente de las familias y las aldeas, son los más necesarios y convincentes. Debemos influir en los dirigentes políticos y los posibles donantes para que asuman esa visión. Todos ustedes saben que en la cartera tradicional de los ministros de salud no siempre figuran todos los factores que inciden en la salud. Ustedes deben conocer y abordar muchos asuntos relacionados con esos otros factores, como la planificación de la familia, la educación (especialmente la de las niñas), el alivio de la deuda, la equidad en las relaciones de intercambio, la mitigación de la pobreza, las reformas democráticas, las desventuras de los millones de niños huérfanos cono consecuencia del SIDA, y otros más. ¿Por qué deben conocerlos? Para que su visión tenga un efecto catalizador en todos los sectores de la sociedad que han de movilizarse en pro de la salud. En el Centro Carter, consideramos que nuestras actividades de salud han de inscribirse en este contexto amplio. Nuestro lema es: «Promover la paz, combatir las enfermedades, alimentar las esperanzas». 2
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Con sólo 150 empleados y un presupuesto anual de unos US$ 35 millones que debemos recaudar para financiar actividades de promoción de la salud y la paz, nuestras posibilidades son limitadas. (No es casual que más de las dos terceras partes de nuestros recursos se dediquen a la salud.) Nuestra selección de los proyectos se basa en la importancia de sus posibles repercusiones y en el reconocimiento de la atención que merecen, siempre que sean viables y se puedan aplicar tanto en las familias como en las aldeas, mediante intervenciones basadas en datos. Creemos que hay que evitar la duplicación de funciones, pero valoramos nuestra colaboración con los ministerios de salud, la Organización Mundial de la Salud y muchos otros asociados. Hacemos hincapié en la acción y en la obtención de resultados concretos y medibles. Estamos dispuestos a emprender tareas difíciles y asumimos el riesgo de fracaso. Hemos aprendido que, con un poco de ayuda exterior, la gente puede adoptar, y de hecho adopta, medidas eficaces para mejorar su vida. En el marco del Grupo Especial Internacional para la Erradicación de Enfermedades, integrado por una docena de destacados expertos en salud (entre ellos un Representante de la OMS), evaluamos regularmente todas las enfermedades humanas y aprovechamos nuevos descubrimientos y conocimientos para fomentar el control total de algunas de ellas. En los seis países de las Américas donde la oncocercosis sigue siendo endémica ayudamos a sus gobiernos a eliminar esta enfermedad de una vez por todas, y espero con interés la reunión que tendré hoy mismo con los ministros de salud de esos países. También colaboramos con los ministros de salud de cinco países africanos y con el Programa Africano de Lucha contra la Oncocercosis (APOC) para ayudar a controlar esta enfermedad. La Asociación Internacional de los Clubes de Leones es uno de nuestros principales socios en esta labor, y recientemente hemos recibido una importante donación de contrapartida de la Fundación Bill y Melinda Gates para financiar actividades relacionadas con la oncocercosis en las Américas. El año pasado, el Centro Carter celebró el suministro de 50 millones de tratamientos para la oncocercosis en estos 11 países. En dos estados de Nigeria contribuimos a demostrar que las intervenciones contra la filariasis linfática y la esquistosomiasis se pueden combinar con nuestras actividades de lucha contra la oncocercosis. (Estamos en espera de los resultados de los estudios patrocinados por la OMS para confirmar la seguridad de la administración simultánea de los tres medicamentos antihelmínticos para esas enfermedades.) En la lucha contra el tracoma hacemos hincapié en las actividades relacionadas con la aplicación de medidas higiénicas y ambientales en seis países africanos, para lo cual contamos con el apoyo de la Fundación Conrad Hilton y de la Fundación Internacional de los Clubes de Leones. Asimismo, desde 1997, prestamos apoyo a las facultades de medicina de cinco universidades etíopes para impartir capacitación al personal de más de 500 centros de salud patrocinados por el Gobierno, que se encargarán de la prevención y el tratamiento de enfermedades comunes entre la población rural. En el Informe sobre la salud en el mundo 2001 se señaló la importancia de las enfermedades mentales y la enorme carga que suponen en todo el mundo. Actualmente, cinco de las diez causas principales de discapacidad entre las personas de 15 a 44 años de edad son enfermedades mentales y en 2020 la depresión será la segunda causa más importante de discapacidad. De los 1,6 millones de muertes violentas que se producen en el mundo cada año, incluidos los homicidios y las bajas militares, casi la mitad son suicidios. Lo trágico es que en la actualidad existen múltiples tratamientos eficaces para todas las enfermedades mentales, pero la mayoría de las personas no tienen acceso a ellos. 3
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Mi esposa Rosalynn ha sido una de las defensoras más persistentes de la salud mental, tanto en los Estados Unidos como en otros países. Preside el Comité Internacional de Mujeres Dirigentes, integrado por Jefas de Estado, primeras damas y miembros de la realeza, que comparten el interés por promover la salud mental en sus países y reducir la estigmatización que acompaña a esas enfermedades. La estigmatización, que existe en todos los países, sigue siendo el obstáculo más común para la prestación de servicios de salud mental apropiados. Durante su estancia en Ginebra, Rosalynn hablará en la sesión de información técnica para los ministros y el personal acerca de la resolución aprobada en la 55ª Asamblea Mundial de la Salud, en la que ésta hacía suyo el Programa de Acción Mundial en Salud Mental. Ya es hora de que el mundo concentre su atención en estas enfermedades terribles, pero relativamente fáciles de tratar. Por último, deseo señalar que el Centro Carter trabaja intensamente desde 1986, junto con los CDC, el UNICEF, la OMS y muchos otros asociados, para ayudar a los ministerios de salud y a miles de voluntarios comunitarios en la lucha, cuya labor ha permitido reducir la incidencia de la dracunculosis (enfermedad del gusano de Guinea) de unos 3,5 millones de casos a menos de 33 000 el año pasado (una reducción de más de 99%). Trece de los 20 países donde esa enfermedad era endémica están ahora libres o casi libres de la enfermedad, y el 92% de los casos que se siguen produciendo ocurren en Ghana, Malí y el Sudán. El Dr. Lee y el Director Ejecutivo Adjunto del UNICEF, Kul Guatam, me acompañaron en febrero en una visita muy provechosa a Ghana, donde nos reunimos con el Presidente Kufuor, el Ministro de Salud Afriyie y muchas otras personas, y visitamos una región donde esa enfermedad es endémica. El Presidente Kufuor prometió que Ghana redoblaría sus esfuerzos para lograr la erradicación de la dracunculosis. También visité el Togo y Malí, donde examiné los problemas que quedan por resolver en relación con esta enfermedad. Actualmente, el obstáculo más importante para acabar con la dracunculosis es, desde luego, la guerra en el Sudán, en cuyos estados del sur se registra el 62% de los casos que siguen comunicándose en todo el mundo. Tengo sumo interés en reunirme con los ministros de salud de los 12 países africanos endémicos para examinar los obstáculos que aún quedan y la forma de superarlos. Antes de concluir, quiero rendir un profundo homenaje al papel desempeñado en la lucha por la erradicación de la dracunculosis desde 1992 por el Presidente de Malí, Amadou Toumani Toure, y en los últimos seis años por el anterior Jefe de Estado de Nigeria, el General (Dr.) Yakubu Gowon. Ambos son ejemplo del compromiso que han de asumir otros dirigentes políticos para que podamos ganar las luchas contra la dracunculosis, el SIDA, el paludismo, la tuberculosis, la poliomielitis, el sarampión y muchas otras enfermedades prevenibles. Más allá de algunas de nuestras propias actividades de salud que he tenido la oportunidad de mencionar aquí, también he ayudado en lo que he podido y he aprovechado mi posibilidad de acceder a Jefes de Estado y a otros dirigentes para apoyar los esfuerzos encaminados a erradicar la poliomielitis y controlar la infección por VIH/SIDA en África. Todos nosotros en el Centro Carter estamos preparados para unirnos a ustedes en una lucha común cuyo objetivo es lograr una mejor salud para todos.
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